El inventario.
Lo que aún se hace
con las manos.
Cada técnica es un cuaderno abierto que se cierra cuando la última persona que lo domina se va. Aquí están los que siguen abiertos.
Cada técnica es un cuaderno abierto que se cierra cuando la última persona que lo domina se va. Aquí están los que siguen abiertos.
No son productos. Son gestos repetidos durante siglos. Conoce los oficios que aún se transmiten de mano en mano.
El proceso comienza con el barro de la comarca, amasado y reposado catorce días en tinajas de barro. En el torno de pie, el alfarero levanta la pieza con las manos húmedas. Cuando está en punto de cuero se recorta y se deja secar a la sombra durante una semana. El esmalte blanco de plomo y estaño se aplica en inmersión. Luego, con pinceles de pelo de marta, se dibujan los motivos clásicos: flores, pájaros, roleos, jarrones. Cuatro cocciones en hornos de leña. La última, la de los colores, es la más delicada.
El acero se oxida durante días con una mezcla de vinagre y sal hasta que adquiere un color negro azulado. Sobre esa superficie se dibuja el arabesco con un punzón. Con un buril de acero se abre una ranura en forma de V. El hilo de oro o plata se introduce y se golpea con un martillo de hueso hasta que el acero lo atrapa. Después se lima, se pule con piedra de ágata y se limpia con un trapo de lana.
El encaje no se teje. Se construye. Dos pares de bolillos por mano. El picado, un cartón agujereado, marca el camino. Los hilos se cruzan, se trenzan, se pasan por encima y por debajo siguiendo el orden de la punta. Cada punto tiene nombre: media, entera, trenza, cruzada, tul. El encaje de Almagro es negro sobre almohadilla roja. El de Camariñas es blanco y más ligero.
La urdimbre se sube a mano en el telar de madera. Los hilos de lana se tiñen con plantas: rubia para el rojo, índigo para el azul, corteza de granado para el negro. La tejedora pasa la lanzadera alternando con los pies en los pedales. El patrón geométrico se forma en el cruce de la trama sobre la urdimbre. Cada pueblo tiene sus dibujos: el de Capileira, el de Bubión, el de Pampaneira.
El cuero de cabra o de ternera se remoja en agua de cal para quitar el pelo. Se tiñe con extractos vegetales. Para el repujado se humedece y se trabaja con punzones y martillos sobre una superficie de plomo. El guadamecí es más complejo: se aplica pan de oro o plata sobre el cuero y se graba el dibujo con buriles. Después se pinta con pigmentos y se barniza.
Cada una de estas técnicas está a una generación de desaparecer. Cuando la última persona que la domina se va, el gesto se pierde para siempre. No hay máquina que lo recupere.